¡Qué feliz fui!
En una noche de
verano cuando yo estaba en la escuela secundaria, mi abuelo, mi abuela
y yo nos
habíamos sentado a la cena en el apartamento de mis abuelos. Mientras yo comía,
yo moví mi cabeza al ritmo de la música de fondo. (Mi abuelo había tocado una
mezcla de música, pero muchos tenían el ritmo de los 1980’s.) Para mi sorpresa
y deleite, mis abuelos se rieron de mis acciones tontas. Yo empecé a bailar en
mi asiento como una medusa porque yo esperé que mis abuelos se reirían más. ¡Mi
abuelo incluso trajo su videocámara para grabar el momento! Aunque ese momento
fue corto, me alegré que yo puse sonrisas en las caras de mis abuelos. Aprendí
que los mejores momentos, grandes y pequeños, ocurren con personas queridas. Yo sería feliz ahora en las mismas
circunstancias porque yo me siento estupenda cuando yo puedo hacer mis amigos y
familia se rían. Su felicidad es mi felicidad.